En el interior de la provincia de Lugo, entre las cumbres de la Serra do Xistral, se esconde un pueblo en donde el viento se ha llevado las facturas de la luz. Desde hace un año, el Ayuntamiento de Muras, un municipio en el que 668 habitantes conviven con 381 aerogeneradores, financia los recibos eléctricos de los vecinos con los impuestos que cobra a las empresas que, como Acciona, Iberdrola o Norvento, explotan los 20 parques eólicos enclavados en su territorio. “Es una cuestión de justicia social”, defiende el alcalde, Manuel Requeijo, del Bloque Nacionalista Galego (BNG). “Hasta ahora los beneficios de producir esta energía no repercutían para nada en los vecinos pese a que son los que sufren el ruido y el impacto visual de los molinos; iban solo para las eléctricas, que ni siquiera tienen sede fiscal en Galicia”.