Normas, modelos, patrones de democracia cada día más zarrapastrosos y con el grave peligro de ser considerados como normales por quienes llegan después y caen en la tentación de pensar que ese es un punto de partida razonable. El periodista Fareed Zakaria escribió hace poco que ese era uno de los principales problemas de la presidencia de Donald Trump, pero se podría decir que ese es un problema extendido en las democracias liberales, España incluida. Quien suceda a Mariano Rajoy se encontrará con unos estándares democráticos muy bajos y es posible que los contemple con una cierta normalidad, pensando que exigen algunos retoques para hacerlos más aceptables, cuando en realidad necesitarían un cambio mucho más profundo, aunque solo fuera para devolverlos a los niveles que eran normales a fines del siglo pasado.