Hace unas semanas, en un homenaje a Jorge Semprún, Fernando Claudín y Javier Pradera, en la madrileña Residencia de Estudiantes, Felipe González contó la siguiente anécdota: a los pocos días de instalarse en La Moncloa, en 1982, tras ganar las elecciones por mayoría absoluta (202 diputados, 48% de los votos), pidieron verle sus amigos el magistrado Clemente Auger y el editor Javier Pradera. Ambos trataban de transmitirle un mensaje temeroso (era la primera vez en la historia de España que había un Gobierno socialista químicamente puro): no hagas nada; tu principal objetivo es durar. «No les hice caso, y duré», remató. ¿Durar será la prioridad absoluta de Pedro Sánchez y su nuevo Gobierno?, ¿su política se compondrá de medidas de muy esforzada consecución en el Congreso, dada la precariedad de sus apoyos, o su principal línea de acción estará compuesta de símbolos, que por cierto también están esperando los ciudadanos que los votaron? En una entrevista a este periódico, la vicepresidenta Carmen Calvo declaraba sus ganas de «hacer cosas», por lo que descartaba convocar elecciones de inmediato.