
El presidente de Sabadell ya tiene el núcleo duro que anhelaba desde que fracasó la opa hostil de BBVA, hace ahora un año. Y del que carecía desde hace ya ocho años, cuando se disolvió el bloque de grandes empresarios catalanes Famol, del que formaban parte Isak Andic (Mango), José Manuel Lara (Planeta), Joaquim Folch-Rusiñol (Pinturas Titán) y el propio Oliu.
Buscar un banco internacional, con vistas a ser también un compañero de viaje en algunos negocios, es un trabajo que normalmente dura meses y que justamente ha llegado cuando empezaba a apretarle el zapato a Sabadell. El ruido de operaciones sobrevenidas había vuelto a sonar desde hace 24 horas, por la posible llegada a Moncloa de un gobierno más a favor de las operaciones corporativas.
BPCE, el dueño de Natixis, puede llegar al 9,9% del capital de Sabadell. Ese porcentaje se uniría al 4,95% de la aseguradora Zurich, que durante la ofensiva de BBVA compró muchas acciones para evitar perder la alianza de bancaseguros que tiene con Sabadell desde hace casi veinte años, la más rentable de todas con las que cuenta en Europa.
Esta pinza conforma un bloque que puede ser suficiente para tener un futuro inmediato a salvo de opas hostiles. No hay que olvidar que Sabadell es un caso único en la banca cotizada. Alrededor del 40% del capital de la entidad está en manos de pequeños accionistas (en su mayoría pequeños empresarios). El 30% de ese 40% es además cliente del banco. Este hecho diferencial, junto al bajo precio que ofreció BBVA, fue crucial para hacer naufragar la opa.
Lo que gana BPCE con este acuerdo no es tan obvio. Para un banco entrar en el capital de otro consume capital, si bien en su caso, al no cotizar en Bolsa, los requerimientos no son tan altos. Este movimiento le permite poner un pie en España a través de una participación que puede darle juego cuando vuelva a zarandearse el tablero de las fusiones. El año pasado compró el portugués Novo Banco, por el que también competía CaixaBank.
La obsesión por un bloque de accionistas de referencia ha perseguido a Oliu durante toda su trayectoria como banquero comercial.
Oliu se recorrió Europa meses antes de la salida a Bolsa de Sabadell (2001) en busca de inversores que tomaran un 30% del capital y redujeran su vulnerabilidad. Entonces, la entidad era muy pequeña. La banca francesa le dio la espalda. Acabó firmando un acuerdo con el banco portugués BCP, que entró en el capital con un 8,5%. Por su parte, Sabadell adquirió un 5,3% del luso. Cada uno tenía un asiento en el consejo del otro. Ambos crearon Activobank, que engordó después con la compra del bróker Ibersecurities.
Sabadell también firmó un acuerdo con La Caixa, que entonces tenía todavía la forma jurídica de caja de ahorros. La entidad catalana adquirió un 15% a través de una ampliación de capital. El pago fue en especie: le cedió el control total del Herrero, un banco asturiano.
La Caixa fue un accionista incómodo por sus ganas de influir. El Banco de España frenó su intento de nombrar dos consejeros en Sabadell. En verano de 2006 empezó a vender de forma desordenada, y rápidamente Oliu buscó un recambio a contrarreloj. Lo hizo dentro de la élite empresarial catalana para blindar un 5% del capital que se sumara a su propia inversión personal.
El banquero siempre ha tenido una parte importante de su patrimonio en acciones de Sabadell. Actualmente, más de ocho millones de títulos.