Oportunidad histórica para democratizar la inversión

España es un país de ahorradores, no de inversores. Los hogares españoles mantienen a cierre de 2025 más de un billón de euros atrapados en cuentas que prácticamente no generan ningún rendimiento, incluso con una inflación constante que hace que el valor real del dinero se erosione año tras año. Mientras tanto, sólo el 17% de los españoles asegura invertir en productos financieros. Y no se trata de falta de coraje, sino, en muchos casos, de falta de opciones sencillas, transparentes e intuitivas.

El anuncio del Gobierno sobre una cuenta de ahorro e inversión que canalice este ahorro dormido hacia activos como acciones, fondos o ETF es positivo. Inspirada en modelos como las ISA británicas o el PEA francés, ofrece una oportunidad histórica para democratizar el acceso a la inversión a largo plazo en España.

Los bancos digitales llevan años trabajando con un objetivo claro: acompañar a las personas para que tomen el control de su futuro financiero. Creemos firmemente que invertir no debe ser un privilegio reservado para unos pocos, sino una herramienta que, con la información y educación adecuadas, esté al alcance de cualquier ciudadano, independientemente de su nivel de renta o patrimonio.

Invertir protege frente a la inflación, diversifica riesgos y permite cumplir objetivos como comprar vivienda, pagar la universidad de los hijos o complementar la jubilación, especialmente cuando el sistema público de pensiones enfrenta retos. Canalizar el ahorro hacia instrumentos financieros bien diseñados beneficia tanto a los ciudadanos como a la economía europea, impulsando crecimiento e innovación.

Las claves

Para que esta cuenta sea útil, su diseño es clave. Debe ofrecer ventajas fiscales claras y orientadas al ahorro a largo plazo, como exenciones sobre impuestos a plusvalías y dividendos, con límites claros que eviten un uso preferencial por parte de los grandes patrimonios. Un periodo mínimo de cinco años para mantener la inversión alinearía incentivos y evitaría un uso cortoplacista.

No deberían imponerse importes mínimos de apertura ni de aportaciones periódicas: invertir 50 o 100 euros al mes puede marcar la diferencia de muchas familias gracias al interés compuesto. La cuenta debe ser flexible: permitir gestión autónoma, delegada o con asesoramiento, y que un mismo titular pueda tener varias cuentas con distintos proveedores, fomentando competencia y libertad de elección.

Las comisiones, otra barrera para pequeños inversores, deben ser proporcionales, transparentes y con límites máximos. Los límites a determinadas comisiones pueden ser una herramienta clave para proteger al pequeño inversor y evitar abusos. Los traspasos entre cuentas o entidades deberían ser gratuitos, con procesos claros y automatizados.

En cuanto a los activos, la cuenta debe ofrecer máxima amplitud: fondos, ETF, acciones y otros instrumentos tradicionales, excluyendo solo aquellos orientados a la especulación de corto plazo.

Los ETF, eficientes y de bajo coste, deben poder coexistir con los fondos de inversión sin penalización fiscal. La propuesta de invertir al menos un 70% en activos

Canalizar el ahorro hacia instrumentos financieros bien diseñados beneficia a todos

Para que la cuenta de ahorro e inversión europea sea útil, debe ser flexible y tener ventajas fiscales