Sobre el papel, la reciente propuesta de la Fundación de estudios de economía aplicada (Fedea) parece tentadora. Con el objetivo de ahorrar cada año a las arcas públicas entre 2.000 y 6.000 millones de euros aproximadamente, la fundación –entre cuyos patronos se encuentran las principales entidades financieras españolas– aboga por que los estudiantes universitarios asuman íntegramente los costes de su matrícula y suscriban, para sufragarlos, unos préstamos bancarios. A través de ellos se endeudarían, sí, pero podrían beneficiarse de condiciones especialmente favorables. Las experiencias de otros países, sin embargo, así como la implementación en España de unos productos muy similares entre 2007 y 2011 –que acabó en un dramático fracaso– sugieren prudencia entre algunos expertos y rechazo en parte de los afectados.