Vamos a suponer que en 2012 alguien del equipo económico del nuevo presidente (Rajoy) hubiese sido capaz de explicar con claridad la política económica de los años siguientes. El discurso habría sido más o menos el siguiente: “Es urgente (o vital) recuperar la estabilidad financiera del país, porque el coste de la prima de riesgo es inasumible, amenaza la estructura empresarial española y pone a la economía en riesgo de intervención; por lo tanto, vamos a aplicar una política procíclica consistente en deprimir las rentas salariales y facilitar los despidos, tal como piden los economistas de CEOE, con el fin de frenar la destrucción de empresas; vamos a controlar el déficit público mediante un ajuste presupuestario salvaje (o radical, que es término que gusta más en Génova) con el propósito de reducir la exposición a las convulsiones de deuda”. Un castizo diría que no hay que estudiar para curar una depresión económica bajando las rentas (salariales). Lo difícil es salir de la depresión sin deprimir las rentas. O, al menos, recuperando las rentas un paso por detrás de los beneficios.

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