Un instrumento clave contra las próximas crisis que la cumbre europea de junio debería crear para reforzar la arquitectura del euro es un presupuesto propio de la eurozona. Ese presupuesto no rescataría países en riesgo de quiebra (a cargo del Mecanismo de Estabilización, medio billón de euros) o de su sucesor, un FME más o menos comunitarizado, que es el colchón contra una amenaza grave contra el conjunto de la zona.