Las últimas revelaciones sobre la manera en que Cambridge Analytica tuvo acceso a través de Facebook a los datos personales de más de 50 millones de personas son inquietantes. Pero lo más inquietante es que esta información se haya utilizado para modificar el comportamiento de los ciudadanos y para influir en su voto y, en resumidas cuentas, en el funcionamiento de nuestra democracia. Si bien aún tenemos que entender qué es lo que ha sucedido, lo que ya está claro es que algo ha funcionado rematadamente mal. Lo más alarmante es que, aunque solo unas 270.000 personas dieron su consentimiento y descargaron la controvertida aplicación, según la prensa se recogieron los datos de 50 millones de usuarios sin su consentimiento.