En su última Memoria anual sobre la vigilancia de sistemas de pago, el Banco de España señalaba que en 2016 se registraron unas 888.000 operaciones fraudulentas con tarjetas bancarias emitidas en España, por un importe de alrededor de 56 millones de euros. Es cierto que los fraudes representan apenas el 0,021% de todas las operaciones —una tasa “baja”, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU)—, pero también es verdad que se trata de un porcentaje que aumentó con respecto al año anterior, cuando alcanzaron el 0,018%. Por el contrario, en términos de importe, la tasa —un 0,022%— se mantiene estable.