¿Quién tiene peor imagen: eléctricas, operadoras o bancos?

La banca sigue anclada en la mala reputación. Cuando parece que levanta la cabeza para presumir de haber colaborado con el Gobierno y la sociedad para apoyar a la economía en general, y al tejido industrial en particular, para superar las dificultades provocadas por la crisis derivada del Covid, llegan las críticas del Ejecutivo por haber puesto en marcha ERE “salvajes”, según la calificación de los sindicatos y corroborado por los políticos, mientras sus directivos se suben los sueldos de forma “inaceptable”, según Economía. Y todo en medio de una hecatombe económica. De poco le ha servido pregonar que las entidades financieras han sido parte de la solución durante la crisis económica de la pandemia. La destrucción de empleo en el sector, derivada de su cambio de modelo por su baja rentabilidad, unido a la multitud de demandas de los clientes por prácticas abusivas, sobre todo del pasado, o sobre las dudas que ha generado la comercialización de los créditos con aval del ICO, y que han llevado a Competencia a intervenir, vuelven a poner en entredicho su imagen.

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