No siempre ha parecido que el mundo iba de mal en peor. Tuvimos un momento de enorme optimismo en la década de los noventa del siglo pasado. La abolición del apartheid, la caída del muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética, el fin de la guerra fría y la conclusión en Europa de la Unión Económica y Monetaria Europea tras la reunificación alemana, llevaron a Francis Fukuyama a publicar, en 1994, su libro El fin de la historia y el último hombre. En él argumentaba que el combate ideológico había terminado, y el mundo caminaría poco a poco hacia la extensión del modelo occidental: el libre mercado y la democracia se extenderían inexorablemente.

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