Diluidos los ecos mediáticos de la sentencia del Tribunal de la UE sobre los efectos de la nulidad de las cláusulas suelo no transparentes, parece oportuno recordar lo que debería ser de dominio público. La actual jurisprudencia de la sala primera del Tribunal Supremo es la más protectora de los consumidores que ha existido nunca. Sin duda por ello, se han dirigido a dicha Sala reproches de “populismo judicial”. Inmerecidamente, pues no les protege por sistema: protege a los consumidores cuando y porque el derecho lo quiere; y no, en el caso contrario. No puede decidir al margen de la ley, según las personales convicciones de sus magistrados sobre lo justo o injusto. Y no lo hace.