Nada hacía imaginar ayer en el hotel Riu, en Miami Beach, viendo a los pequeños disfrutando de la cristalina piscina, a los padres asoleándose en la tumbona, que el dueño de todo aquello, el poderoso Luis Riu Güell estuviera el lunes pasado a unos kilómetros de aquí esposado en un banquillo ante un juez con gesto grave.