Hace 16 días, cuando el Banco Popular fue resuelto (es decir, intervenido por las autoridades europeas) y vendido por un euro al Santander, todo fueron felicitaciones por lo bien que funcionó el mecanismo de la Unión Bancaria. Desde el BCE, al Sistema Único de Supervisión y el Mecanismo Único de Resolución, así como el Eurogrupo, se aplaudieron mutuamente por la rapidez y limpieza del procedimiento. Lamentaron que los accionistas y bonistas del Popular lo hubieran perdido todo, pero, dijeron, estas eran las nuevas reglas de juego: los contribuyentes ya no rescatarían bancos en Europa sino que lo harían los accionistas e inversores. Se desvinculaba así (por fin) el riesgo bancario de la capacidad financiera del Estado al le quebraba la entidad.

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