
Las recientes caídas desde los máximos anuales del pasado miércoles son una gota en el inmenso océano alcista de fondo del valor.
Los descensos de los últimos días no significan nada, sobre todo si tenemos en cuenta que desde los mínimos de finales de junio el valor se aupó un 17% hasta los altos anuales de la semana pasada en los 3,078 euros.
En el muy corto plazo el soporte más inmediato lo encontramos en los máximos previos, los de mayo y junio, alrededor de los 2,85 euros. Y por debajo la siguiente zona de control se encuentra en el entorno de los 2,63 euros: los mínimos del mes pasado. En realidad, mientras la estructura de los precios siga construyendo mínimos y máximos crecientes no hay absolutamente nada de lo que preocuparse y el último de ello lo tenemos ahí, en los 2,63 euros.
Pero si nos apartamos un poco del gráfico y lo miramos en periodo mensual por aquello de eliminar el ruido de cada semana lo que tenemos es una impecable directriz alcista, que une todos y cada uno de los sucesivos mínimos crecientes desde el peor momento de la pandemia, por aquél entonces en los 0,20 euros.
Más a más los mínimos del terremoto de abril encontraron soporte en la parte alta del movimiento lateral previo de varios meses, en la zona de los 1,88-1,90 euros, y desde ahí se ha vuelto a reestructurar de nuevo al alza. De hecho, y con sus correcciones de corto plazo contratendencia, puede decirse que sólo es cuestión de tiempo que se dirija a sus máximos históricos, los de principios de 2007 en los 3,56 euros.