
La calidad crediticia del comprador eleva el precio de los pasivos del banco británico. La filial adquirida viene con su propia financiación, pero más cara que la de Santander.
Los bonistas de TSB han comprado papeletas con premio. Se levantaron el 1 de julio como poseedores de deuda de una entidad mediana con un ráting solo un poco por encima del aprobado y se acostaron como próximos dueños de bonos con una calificación crediticia muy superior.
Santander es el responsable. El banco cuenta con uno de los mejores rátings entre los grandes del sector en Europa y su influjo llegará a TSB. El acuerdo con Sabadell para comprarle su filial británica incluye el grueso de la deuda, especialmente las emisiones con más riesgo.
La cuantía total que cambia de manos roza los 1.700 millones de euros en forma de cinco colocaciones. Entre ellas hay una de bonos contingentes convertibles (CoCos o AT1) y otra de deuda subordinada, además de tres operaciones de instrumentos sénior no garantizados.
En todos los casos, los bonistas tienen unas posesiones que les dan unos intereses muy superiores a los que corresponderían por el riesgo de Santander, así que, además de cobrar unos cupones elevados, el precio de las emisiones se revalorizará en el mercado y podrán venderlas con plusvalías si lo desean.
Moody’s no ha tardado en adelantar sus intenciones. La agencia ha anunciado la puesta en revisión del ráting de TSB con vistas a su subida en previsión de que entre en la órbita de Santander.
Pros y contras
La adquisición de la deuda tiene ventajas e inconvenientes para Santander. La doctrina del grupo obliga a cada filial a tener una financiación autónoma, porque la matriz no se va a hacer cargo de ella. Es resultado directo de la estrategia de resolución que ha adoptado el banco ante los supervisores, que también supone que las participadas cumplen con sus propios colchones de deuda anticrisis. Es la manera de que cada filial quede aislada en caso de problemas y no contamine al resto.
La compra de TSB cumple los estándares para esa parte, puesto que la adquisición viene con su propia financiación debajo del brazo. La parte negativa es el precio. Los CoCos de TSB pagan unos intereses anuales del 8,75%, frente al 6% que ha abonado Santander en su última colocación.
Para minimizar el impacto de esas diferencias, la matriz suele ser la compradora del grueso de las emisiones de las participadas (mejor que los intereses se queden en casa que pagárselos a un tercero, según la filosofía de la entidad), pero en este caso esa opción ya llega tarde.
Dueño final
Todavía está por decidir quién será el titular de TSB y de la deuda. El comprador oficial es Santander, pero la entidad se ha reservado el derecho de traspasar la propiedad a alguna de sus dos sociedades británicas, Santander UK Group Holdings y Santander UK. Ambas tienen también mejor ráting que TSB, así que los bonistas de la filial de Sabadell se beneficiarán igualmente.
A partir de ahí será el departamento financiero de Santander o de su filial británica el que gestione la deuda para cumplir los requerimientos regulatorios con el menor coste posible y ajustarse a las nuevas exigencias que se deriven del mayor tamaño en Reino Unido.
A su favor está el calendario de vencimientos, que antes o después permitirá refinanciar la deuda con intereses más reducidos. No tendrá que esperar mucho para la primera de las emisiones, que vence en diciembre de 2026. Otra lo hace en 2027 y la siguiente, en 2028. Las colocaciones más longevas son las más caras. La primera ventana de amortización de los CoCos no llega hasta 2030.