Santander reclama a la UE acabar con la discriminación a los bancos globales

Propone cambios que impulsarían sus negocios en emergentes. El banco señala que la internacionalización es «un activo estratégico» penalizado por la regulación europea

Si Europa quiere competir con los gigantes económicos globales, necesita bancos con presencia y penetración internacionales. Esa es la visión que defiende Santander en Bruselas, desde donde reclama a la Comisión Europea que aproveche la reforma bancaria del próximo año para acabar con elementos de la legislación que, a su juicio, discriminan las entidades globales.

«Para los bancos europeos, al igual que para las empresas europeas, operar en terceros países constituye una fuente clave de competitividad», asegura Santander en un documento remitido al Ejecutivo comunitario.

Se trata de una respuesta a la consulta de la Comisión sobre la competitividad del sector, un texto en el que Santander defiende que «la presencia internacional de los bancos europeos debería considerarse un activo para Europa y no un motivo para la imposición automática de sanciones prudenciales».

Las protestas del banco español están ligadas a la forma en la que la UE aplica sus reglas. En lugar de focalizarse únicamente en el negocio europeo, los supervisores toman como referencia los datos consolidados de las entidades para evitar que surjan vulnerabilidades derivadas del arbitraje regulatorio y, además, garantizar que tienen una visión homogénea y segura de todo el riesgo del banco.

El problema es que la regulación europea está pensada para estándares del continente y no para las realidades de fuera. Esto no causa demasiado perjuicio en economías equivalentes, como la de Estados Unidos, pero sí en países emergentes, en los que entidades como BBVA o el propio Santander tienen un importante peso. Allí, en términos regulatorios, el modelo de negocio es muy diferente y se encuentra penalizado.

Las quejas

En su comunicación con Bruselas, Santander presenta diferentes casos concretos en los que entiende que la regulación discrimina a los bancos con presencia en mercados emergentes.

La entidad critica que el Banco Central Europeo (BCE) no le permita contabilizar como un activo los créditos fiscales concedidos por Brasil, algo que sí acepta cuando el crédito procede de un Estado miembro de la UE, lo que coloca a la entidad en desventaja frente a los bancos locales.

El grupo español también cuestiona que los supervisores no ajusten sus exigencias sobre activos improductivos a economías con tipos de interés mucho más elevados y que, por lo tanto, generan un volumen mayor de impagos.

Santander afronta rápidamente recargos de capital por ese mayor volumen de créditos dudosos que le genera estar presente en mercados emergentes y, bajo la lupa del BCE y los criterios actuales, eso acaba penalizándole a nivel consolidado.

«Conceder un préstamo en Brasil a un interés del 16% es normal teniendo en cuenta los niveles de las tasas y se lleva a cabo con las precauciones adecuadas, pero en Europa tiene un tratamiento de riesgo excesivo que no corresponde con la realidad de esa economía», explican también fuentes financieras.

Ante estas situaciones, Santander esgrime que «el Reglamento de Requisitos de Capital debería incluir una disposición que permita reconocer las medidas prudenciales, reglamentarias y de supervisión adoptadas en terceros países cuando los regímenes correspondientes sean equivalentes o comparables a los aplicados en la Unión».

El banco sostiene que, siempre que se trate de regiones que cumplan los estándares internacionales de Basilea, aceptar las normas y la supervisión local no rebajaría los niveles de prudencia, sino que «evitaría duplicidades, cargas de capital injustificadas y efectos extraterritoriales que merman la capacidad de los bancos europeos para operar a escala internacional y competir en igualdad de condiciones con sus homólogos de terceros países».

Para Santander, el tratamiento regulatorio de sus actividades en mercados emergentes supone un importante lastre debido al peso que tienen estos negocios en el conjunto del grupo.

Los mercados considerados tradicionalmente como economías emergentes, principalmente Brasil, México y Argentina, representan aproximadamente entre el 35% y el 40% del beneficio ordinario total de Banco Santander a nivel global.

Diversificación

Santander entiende que la Comisión Europea debería cambiar las reglas no solo para dejar de penalizar la actividad global de las entidades, sino para valorarla positivamente y ofrecer un trato regulatorio favorable a la diversificación.

Históricamente, las fases de desaceleración o tipos de interés bajos en Europa han sido compensadas gracias al dinamismo y rentabilidad de estos mercados emergentes y viceversa, siendo el negocio en países desarrollados el que aguanta cuando las economías en desarrollo sufren. Para Santander, esto queda patente en los test de estrés: los bancos más diversificados muestran una menor destrucción de capital ante los mismos shocks extremos simulados.

La entidad española considera que esta resiliencia es una ventaja para la estabilidad financiera que debería recompensarse con descuentos de capital u otras medidas similares. Los expertos del banco señalan que una vía para articular este tratamiento favorable sería ligar a través de la regulación esa bonificación a la robustez mostrada en los test de estrés que la Autoridad Bancaria Europea lleva a cabo cada dos años.

Santander también destaca que «en un entorno geopolítico más fragmentado, los bancos europeos con actividad global también contribuyen a proyectar las normas europeas, atraer capital y ampliar las opciones de las empresas y los particulares de Europa».

Tanto en su caso como en el de BBVA, esto se ha vuelto especialmente importante después de que la UE haya estrechado sus relaciones con las economías emergentes americanas a través del acuerdo comercial con Mercosur y la actualización del pacto con México.

La Asociación Española de Banca (AEB) se ha sumado también al reclamo de Santander sobre la discriminación en los mercados emergentes. La patronal del sector propone a la Comisión Europea que permita a las autoridades competentes -BCE o EBA- aplicar el marco prudencial de terceros países confiables cuando una entidad «demuestre que la aplicación de las normas de la UE a las exposiciones frente a terceros países genera limitaciones en la gestión del capital que afectan a la capacidad de la filial en un tercer país para competir en igualdad de condiciones con los bancos nacionales».