
Espera obtener una rentabilidad del 20% en dos años.
Santander ha despejado una de las dudas que preocupaban a algunos en los mercados: con la compra de TSB, la filial británica de Sabadell, ha aclarado las incógnitas acerca de si el primer grupo financiero español estaba pensando en salir de Reino Unido, como lo ha hecho recientemente de Polonia. Hace unos meses se especuló con esa posibilidad que fue negada tajantemente por la dirección de Santander. No solo no se va sino que quiere jugar un papel más relevante en el segmento de negocio que desarrolla: el crédito hipotecario y la captación de depósitos.
Lo había anunciado el banco cuando decidió vender su participación en una entidad polaca. Con los recursos obtenidos, una parte podría dedicarse a cumplir con el compromiso de recomprar acciones por un importe de 10.000 millones de euros en este ejercicio y el siguiente, y la otra, a financiar el crecimiento de su actividad. Los va a destinar a comprar TSB. La operación se espera que se cierre en los primeros meses de 2026, para fusionarlo con Santander UK y obtener unas sinergias de costes relevantes que le permitan obtener una rentabilidad a la inversión del 20% en dos años.
Despejada esta cuestión todo indica que el ejercicio actual puede ser sorteado por el grupo Santander sin especiales problemas gracias tanto a la buena marcha de la actividad en España como por la diversificación geográfica que le permite compensar las posibles dificultades que surjan en un país con la evolución positiva de otros.
Las tensiones geoeconómicas y políticas (los conflictos armados existentes, el creciente papel de las cuestiones de Defensa y seguridad, la guerra comercial desatada por la Administración Trump de la que no se sabe aún su final…) están dejando sentir sus efectos desde hace tiempo. Los problemas anteriores, como la pandemia y la invasión de Ucrania por parte de Rusia, provocaron choques de oferta y tensiones inflacionistas que los bancos centrales supieron resolver con cierta rapidez unido a las medidas de orden fiscal que se instrumentaron. Pero ahora los problemas son diferentes. El retroceso en la globalización está provocando algunas disrupciones en las cadenas de valor que se están reconfigurando y que afectan a la evolución de la economía.
Los anuncios sobre los posibles aranceles, aunque aún no se han concretado, salvo en algunos países, ya han provocado revisiones a la baja en el ritmo de crecimiento mundial y su traslación a los países. Empezando por Estados Unidos, pero alcanzando también a aquellos que, al menos directamente, poco pueden sufrir por las tarifas aduaneras que se les puedan imponer. España entre ellos.
Y eso que la economía mundial había empezado bien el ejercicio actual con unas previsiones optimistas que en el caso de Santander se concretaban que en dos de cada tres de los diez países en los que el banco tiene una presencia significativa sus economías estaban muy cerca del pleno empleo, lo que viene a significar que la salud de los créditos, lo más importante para las entidades, era buena.
Santander está presente en varios países de Europa (especialmente España, Portugal y Reino Unido, además de Santander Consumer en numerosos países del continente); tiene presencia en varias naciones de América Latina (especialmente Brasil, Chile y México), además de Estados Unidos (con el negocio de financiación de automóviles, una entidad captadora de depósitos y una incipiente, pero potente, banca de inversión).
Las economías de España y Portugal no presentan problemas, al menos en comparación con las del resto de la eurozona. España crecerá por encima de lo que lo haga la Unión Europea; las expectativas de evolución del turismo son buenas y los flujos migratorios siguen empujando el crecimiento del consumo privado. Las cifras de afiliación a la Seguridad Social están en máximos y la renta disponible de las familias sigue creciendo. Tanto las empresas como los particulares mantienen bajas tasas de endeudamiento, lo que permite pensar que el crédito mantendrá su tendencia a aumentar. La economía española está abierta al mundo, pero los posibles efectos directos de los aranceles de Trump serán pequeños dado el desequilibrio, a favor de Estados Unidos, de la balanza comercial con ese país. Si sufre por ello será de manera indirecta, a través de lo que le ocurra a terceros.
El otro gran país europeo donde Santander tiene presencia relevante es Reino Unido. Ahí ya se ha cerrado un acuerdo de aranceles, el 10%, lo que no supondrá un problema muy grave. El banco en ese país ha sufrido, como el resto, los problemas derivados de las multas por malas prácticas como las ventas cruzadas de productos o los acuerdos con concesionarios de automóviles para la financiación de las compras. La compra de TSB debe, en el medio plazo, aumentar las ganancias del banco.
No parece que América Latina vaya a ser el campo de batalla de la guerra de los aranceles. Los que Trump anunció inicialmente estaban en la banda más baja y claramente por debajo de los que se querían imponer a los países asiáticos, donde de verdad se pelea. Es una región a la que puede considerarse como ganadora y ello deberá traducirse en un mejor comportamiento de sus economías y, por lo tanto, de sus bancos. La depreciación que está registrando el dólar les puede beneficiar y están a la espera de que la Reserva Federal reanude su política de reducción de los tipos de interés.
México es un caso aparte. Pasado el primer choque con la nueva Administración de Estados Unidos liderada por Donald Trump, el grupo Santander tiene un cierto optimismo por la evolución del país porque se espera que llegue a buen término la renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá que debe cerrarse el próximo año. Las economías de los dos estados están fuertemente interconectadas por lo que no interesa que se deteriore ninguna de ellas. Las tendencias globales del país (fuerte demografía, economía en auge aunque temporalmente pueda estar más débil y baja bancarización) son palancas positivas.
En Estados Unidoslas actividades del grupo Santander están planteadas a largo plazo por entender que se trata de una economía en la que hay que estar presente si se quiere ser un jugador global. En los últimos años se ha redefinido el papel del grupo poniendo el acento en el negocio de financiación de automóviles y en reducir las actividades del banco que opera en la Costa Este, así como en el desarrollo de la banca corporativa con el objetivo de conseguir no solo una cuota dentro del mercado interno sino también encauzar hacia ese país operaciones relacionadas con las otras regiones en las que opera el grupo. En octubre pasado el grupo lanzó Openbank en aquel país.