Separación fácil y barata

No ha mucho que la institución de la familia estaba tipificada como célula básica de la sociedad. Y no por las facciones ultraconservadoras de las religiones dominantes, sino por los mercados organizados y las industrias de postín. La familia era el destino final de bienes de larga duración y servicios complementarios, sumamente rentables al calor del crédito y las ventas a plazos. Piensen en automóviles, electrodomésticos, viviendas y vacaciones. Hasta finales de siglo, casi todo estaba orientado por la finalidad familiar y sobre el soporte de núcleos de consumo básicos. Pero el agudo foco de los negocios fue descubriendo, poco a poco, que la disgregación familiar también constituía una oportunidad de ganancia. Y lo descubrió porque la familia, como institución, también resulto afectada por una suerte de obsolescencia programada, igual que los móviles o los frigoríficos. Donde hay conflicto —y en los titulares se podría ventear el cambio de humor de la sociedad simplemente leyendo los titulares sobre el aumento imparable de los divorcios— hay oportunidad de innovación en manufacturas y en servicios.

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