Viajar en septiembre, cuando la mayoría ya ha agotado sus vacaciones y ha vuelto a la oficina, es un verdadero lujo que solo una minoría puede permitirse pero que, además, sale más económico que veranear en temporada alta. Si la vuelta al cole de los niños o las exigencias del trabajo no lo impiden, la primera quincena de septiembre, cuando el otoño no se ha asomado todavía, es un momento de grandes oportunidades para irse de vacaciones.