Tánger, destino exótico durante siglos, es hoy un enclave económico que crece al ritmo de un 20% anual y representa ya el 10% del producto interior bruto (PIB) marroquí. La remodelación del paseo marítimo — cinco kilómetros de largo— y la ejecución simultánea de 16 aparcamientos subterráneos con casi 3.000 plazas, entre otras obras en la red vial, por importe de 700 millones de euros, son parte de la apuesta por el desarrollo de la urbe. La que fuera referente obligado de artistas se muestra estos días como una ciudad cosmopolita que genera miles de empleos cada año, hasta superar el medio millón en la última década. El resultado es una Tánger abigarrada, con un entorno que cambia de un día para otro; tanto, que ha duplicado la población en apenas un lustro, hasta rondar los dos millones de habitantes. “Su posición geográfica, excepcional, la convierten en un lugar muy atractivo para el capital inversor; también pretendemos que venga el turismo de calidad y cruceros; queremos que se conozca la rica historia de Tánger; explotar su potencial”, explica Driss Benabad, director de la Sociedad de Reconversión de la Zona Portuaria de Tánger (SAPT, en francés), proyecto estrella que está transformando la imagen de la ciudad tangerina y que supone al mismo tiempo una oportunidad para la internacionalización de las empresas españolas como un rival directo para el negocio logístico español, sobre todo para el puerto de Algeciras.