Hijo del Tomás Pascual que creó un imperio lácteo que llegó a rozar los 1.000 millones de facturación, Tomás Pascual Gómez-Cuétara recibe a EL PAÍS en la sede central de Calidad Pascual, en Madrid, en la que abundan trofeos, reconocimientos y recuerdos de los hitos de la trayectoria de la empresa, que no vive su mejor momento. Se muestra muy locuaz y cambia varias veces de traje: el de presidente de Federación de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), cargo para el que fue elegido en diciembre y que motiva el encuentro, y el de presidente de Calidad Pascual.