Las organizaciones juveniles de la izquierda abertzale han desoído el llamamiento de Arnaldo Otegi a evitar la violencia en las protestas contra el turismo de masas y los turistas mismos que, partiendo de Barcelona como territorio de experimentación de todo radicalismo que pueda circular por las redes sociales, se ha expandido a otras zonas, incluyendo el País Vasco, donde el efecto mimético ha tenido más fuerza que el liderazgo del coordinador general. Los cachorros que no llegaron a tiempo para la kale borroka ensayan ahora su recuperación, para lo que necesitan nuevos pretextos; y ya han dicho que las últimas exhibiciones (grabadas y difundidas por esas redes) de los encapuchados contra sedes de instituciones relacionadas con el turismo son su respuesta a las demandas de sus mayores de desconvocar las manifestaciones anunciadas.