
La Autoridad de Conducta Financiera (FCA) intenta actuar con rapidez para finalizar su plan de compensación.
En ocasiones, más vale una mala noticia que ninguna. El Tribunal Supremo de Reino Unido y la Autoridad de Conducta Financiera confirmaron el fin de semana que los casos relacionados con las comisiones «ocultas» en préstamos de financiación de coches se convertirán en el escándalo bancario británico más caro de esta década. Sin embargo, las acciones del sector subieron con la reapertura de los mercados el lunes.
En parte, el repunte fue una clara señal de que la factura de compensación —que posiblemente ascenderá a 18.000 millones de libras (20.600 millones de euros), según la FCA— será inferior a las peores estimaciones. Pero también reflejó el fin de una situación de incertidumbre que había estado afectando a las inversiones incluso para los bancos no implicados en el escándalo.
El viernes, el Tribunal Supremo revocó una parte central de una sentencia anterior de un tribunal de apelación que podría haber obligado a los bancos a pagar más de 40.000 millones de libras por compensación relacionados con las comisiones que pagaron a los concesionarios de automóviles por la tramitación de préstamos. La FCA anunció que elaborará un plan a nivel de toda la industria para compensar a un número menor de clientes que habían sido tratados injustamente.
Para los bancos implicados en el escándalo, las fluctuaciones en el precio de las acciones del lunes fueron drásticas. Lloyds Banking Group, propietario del mayor negocio de financiación de automóviles de Reino Unido, iba camino de registrar su mejor día en más de tres años. Close Brothers, la entidad crediticia del FTSE 250 con la mayor exposición relativa, escaló más del 20%.
Pero incluso las acciones que no estaban directamente implicadas salieron ganando. En el caso de NatWest, que ni siquiera ofrece financiación de automóviles a los consumidores, la acción subió un 2,5%. Barclays, que abandonó el negocio en 2019, registró un repunte del 2%.
Estos repuntes recuerdan el efecto desalentador que tuvieron las sentencias judiciales anteriores en la banca en general. Es probable que el CEO de Lloyds, Charlie Nunn, actuara por interés propio cuando advirtió el año pasado que el riesgo legal estaba creando un «problema de capacidad de inversión» en Reino Unido, pero tenía razón. Los bancos deberían ser sancionados si infringen las normas, pero una interpretación extrema del fallo anterior planteó la amenaza de que las empresas fueran sancionadas con carácter retroactivo por una actividad que se ajustaba a las normas del momento.
Pocos inversores, sobre todo los internacionales, tienen una necesidad imperiosa de invertir en acciones de bancos británicos. Si tuvieran que elegir entre CaixaBank, un banco europeo con una rentabilidad sólida de 60.000 millones de euros, o Lloyds, otro banco del mismo tamaño con una rentabilidad igual de sólida, pero con una espada de Damocles regulatoria que pende sobre ella, ¿cuál elegirían?
La incertidumbre no se ha disipado por completo. La FCA está intentando actuar con rapidez para finalizar su plan de compensación, pero por ahora las estimaciones sobre su coste varían considerablemente. La cifra real podría ascender a tan solo 9.000 millones de libras. Aun así, los inversores interesados en los bancos británicos tienen un camino mucho más despejado por delante de lo que han tenido en mucho tiempo.
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