El mundo necesita más inversión en obra pública. De mantenerse el ritmo actual con el que se vuelcan recursos, el déficit de infraestructura representará, en la estimación de la consultora McKinsey, un monto acumulado de 5,5 billones de dólares en 2035. Aunque la cifra varía según la fuente, nadie discute que la brecha se encamina a ser un gran lastre para el crecimiento económico, máxime cuando tenemos en cuenta que el cambio climático está impactando por partida doble: tanto por el deterioro que ya está suponiendo para las infraestructuras ya existentes como por la necesidad de otras nuevas.