Ayer muy temprano en Stanford, Robert Wilson llamaba a la puerta de su amigo Paul Milgrom, y le daba la gran noticia: habían sido galardonados con el Nobel de Economía. El premio reconoce toda una carrera, pero concretamente hace mención a sus estudios acerca del funcionamiento de las subastas y sus aportaciones en nuevos diseños de mercados y subastas en beneficio de vendedores, compradores y contribuyentes. Estos trabajos ya les habían valido años antes recibir por separado el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.