Como era previsible, la persistencia de las tensiones independentistas en Cataluña se ha convertido en un riesgo probable para el crecimiento económico español y en un poderoso factor de desestabilización de la economía catalana. El FMI y las agencias de calificación de riesgos advierten con insistencia en que la crisis independentista restará puntos al crecimiento y es evidente que perjudica gravemente la percepción de estabilidad del país. La prima de riesgo sube, aunque moderadamente y los mercados responden alternativamente a impulsos de pesimismo y exaltación (el último, ante la supuesta no declaración de independencia de Puigdemont; necesitaríamos a un Lewis Carroll en plena forma para que interpretara el “asumo el mandato…”). Pero los inversores han tomado nota de la incertidumbre y pueden tenerla en cuenta para decisiones futuras.