
El fuerte y marcado rol ejecutivo de los banqueros españoles no gusta nada en Fráncfort.
Es un elemento idiosincrático de nuestro sector financiero que sigue muy vigente en España, pese a las llamadas del BCE para reducir esos poderes.
BBVA era un banco muy presidencialista en tiempos de Francisco González y lo sigue siendo en la era de Carlos Torres.
Coincidiendo con este relevo, el banco decidió que el consejero delegado dejara de depender jerárquicamente del presidente.
Lo mismo sucedió en el caso de Santander para atender a los requerimientos de buen gobierno corporativo del BCE. Sin embargo, los poderes del presidente siguen siendo en ambos casos muy elevados comparados con otros grupos bancarios de su mismo tamaño de países vecinos.
Carlos Torres seguirá liderando de principio a fin y tendrá la responsabilidad última sobre futuras operaciones de M&A que emprenda el banco.
Josep Oliu decidió hace cinco años despojarse de los poderes ejecutivos que había ostententado en Banco Sabadell las últimas dos décadas. Su rol quedó circunscrito al consejo, a la representación institucional y a la presidencia de la comisión de Estrategia y Sostenibilidad. Hasta que llegó la opa hostil de BBVA y eso le obligó a demostrar su liderazgo, a multiplicar la interlocución con stakeholders y políticos para evitar la desaparición del banco catalán.
El BCE suele aprovechar las fusiones para rebajar los poderes de los presidentes. Así sucedió en la fusión Unicaja/Liberbank. Es la fórmula que se ha acabado imponiendo en CaixaBank con la figura de Tomás Muniesa.