A las fábricas brasileñas de coches no les llegan más materiales, las gasolineras no reciben más combustible, las patatas escasean en los supermercados, el transporte público funciona con servicios mínimos, aeropuertos nacionales e internacionales cancelan vuelos y los bares racionan sus cervezas. Hay, incluso, McDonald’s que se están quedando sin pan para las hamburguesas. Brasil lleva cuatro días inmerso en la mayor huelga de camioneros que haya visto en las dos últimas décadas y si bien el panorama es cada vez más árido para el ciudadano de a pie, aún parece lejos de mejorar.