A lo largo de casi una década hemos vivido una crisis financiera, fiscal y económica que ha amenazado, y en cierto modo lo continúa haciendo, nuestro modelo de Estado de Bienestar. Las hondas implicaciones sociales de esta crisis, aún persistentes, tardarán en cicatrizar en un tiempo caracterizado por un débil crecimiento y un mercado de trabajo pendiente de recuperación, donde más de la mitad de las y los jóvenes se encuentran en situación de desempleo.