Los Presupuestos del Estado para 2018 son, fundamentalmente, grises. No puede decirse que sean expansivos, porque crecen menos que la renta del país. Pero tampoco son contractivos. El déficit estructural, el que deja al margen los efectos del ciclo económico, no va a reducirse como exigiría un saneamiento rápido de las cuentas públicas, a fin de prepararse ante la próxima crisis.