Aunque la brecha entre los gastos e ingresos públicos de la Administración central se están reduciendo a buen ritmo, este esfuerzo hay que medirlo relación con el objetivo de déficit marcado por Bruselas para este año. La meta presupuestaria para el Estado central es del 1,1% del PIB y del 3,1% para el conjunto de las administraciones públicas. El hecho de que el desfase presupuestario del Estado se haya reducido al 1,86% del PIB hasta junio es un buen síntoma pero no asegura el cumplimiento del objetivo.