Google, Facebook y Apple se han especializado en localizar de forma ficticia sus operaciones en microfiliales ubicadas en territorios o países donde el impuesto de sociedades es bajo o incluso prácticamente nulo. Y han convertido así la tributación empresarial en una especie agujero negro: los negocios digitales pagan una tasa impositiva media del 9,5% en la Unión Europea (Google ha pagado algún año menos de un 0,1% en Irlanda), cuando las empresas tradicionales pagan más del doble, una media del 23,2%.