Ricardo Uribe recuerda que la primera vez que puso un aguacate Hass en un mercado colombiano los clientes pensaron que estaba podrido. Esa piel negra parecía mal augurio. “Decían también que era demasiado pequeño”, recuerda el productor. Los compradores querían su variedad de piel verde y tamaño grande, la única que se sembraba en los campos de Colombia hasta principios del nuevo siglo. A partir del año 2000, empresas como Cartama, de la familia Uribe, comenzaron a experimentar con el Hass. “Sabíamos que venderíamos fuera, solo teníamos que tener paciencia”. Casi dos décadas después, las exportaciones de aguacate de Colombia alcanzaron los 35 millones de dólares en 2016, es el tercer productor mundial, el quinto en exportaciones y Estados Unidos le acaba de abrir la puerta de su mercado.