La salud no solo es algo esencial para el bienestar de las personas. También es una condición para una economía sana. La evidente perturbación de la salud de la población, en sus expectativas de vida, en la frecuencia de enfermedades o en la extensión de la obesidad, constituye amenazas muy serias para los sistemas sanitarios públicos. Sus consecuencias económicas también se extienden a la generación de dificultades para el rendimiento laboral, con el consiguiente impacto en la productividad de las empresas.