En Wimbledon no hay lugar para la improvisación. Todo está medido en el torneo de tenis más famoso del mundo. Desde el césped de la pista (cortado a una altura de ocho milímetros), hasta los uniformes de los competidores (100% blancos). El protocolo ni siquiera deja espacio a la imaginación en el emblema culinario de esta fiesta deportiva: las fresas (servidas con nata), que durante las dos semanas del torneo son recolectadas en la madrugada para que al mediodía los espectadores puedan engullir el sencillo manjar. Este año se consumieron más de 34.000 kilogramos de esa fruta.