Los vecinos de Bétera, un pueblo valenciano que en ningún caso puede considerarse turístico, están desconcertados por el goteo de visitantes mayoritariamente centroeuropeos que reciben a diario. Los austriacos, suizos, franceses y, sobre todo, alemanes van buscando la finca de Naranjas del Carmen. Su objetivo es visitar el árbol que les cuidan en la parcela, porque lo plantaron para ellos, y hacerse un selfie con él.