Madrid, ocho de la tarde de un domingo. Llueve y hace frío. Ha estado nevando por la mañana. Las calles están mojadas. Es uno de los peores inviernos de los últimos años. Calentitos en el sofá, no hay nada en la nevera, ¿a quién no le apetece pedir la cena? Hoy en día es posible elegir cualquier restaurante. El transporte es fácil y barato. En media hora llega a casa un ciclomensajero con el pedido. Él habrá estado toda la tarde pendiente del móvil para ver si entran encargos. Cobrará por entrega unos seis euros por el mal tiempo, en lugar de los cuatro y pico habituales. No tiene un contrato laboral. Es autónomo. No le ampara ningún convenio sectorial como a otros mensajeros asalariados de compañías tradicionales. Si tiene un accidente, los gastos corren por su cuenta.