El semáforo se pone en rojo. A la derecha, en el carril reservado al transporte público, un taxi se para frente al paso de peatones. Al lado de este coche blanco, en el carril del centro, un flamante Tesla negro se detiene frente a un lujoso hotel del centro de Madrid. Lleva una pegatina roja, con la bandera de la Comunidad de Madrid y tres letras: VTC. Significa que es un vehículo con conductor, es decir, un servicio de transporte que probablemente trabaje en la plataforma de Cabify o Uber. El taxi y el VTC compiten por el mismo negocio: llevar pasajeros de un lado a otro. Al final del trayecto, el cliente pagará y seguirá su rutina. Pero ambos conductores mantendrán su pulso por conseguir una carrera más. Los taxistas denuncian que los VTC se están comiendo una parte de su pastel precarizando la labor, devaluando sus licencias y saltándose las reglas. Los VTC defienden que hay espacio para todos y que no se puede poner puertas al futuro. La batalla está servida.