Dos “megatendencias” impregnan la evolución futura de la población mundial: el envejecimiento y el aumento de las desigualdades. La OCDE, el club que reúne a los 35 países más desarrollados del mundo, analiza en su informe Evitando la desigualdad en la vejez cómo estos dos efectos interactúan entre sí. Y, en la comparación internacional, España no sale especialmente bien parada, sobre todo en la situación en la que quedarán los jubilados del futuro –con pensiones cada vez más desiguales- y los jóvenes del presente –con dificultades crecientes para entrar en el mercado laboral-.