Los expertos de la Xunta de Galicia no ocultan su preocupación por el futuro incierto de estos centros de producción intensiva porque nadie puede asegurar que estén a salvo de las devoradoras larvas de la polilla que metamorfosean dentro del tubérculo. En ese caso, las repercusiones económicas serían desastrosas para el sector, ya que afecta a miles de familias que desde hace decenas de generaciones viven de este negocio agrícola. Solo en los cultivos controlados por la Indicación Geográfica Protegida (IGP), la producción en 2017 fue de 117,8 millones de kilos.