En contraste con las economías más avanzadas, casi uno de cada dos trabajadores españoles está empleado en una microempresa de menos de diez personas. En Alemania, por ejemplo, esta proporción se reduce a uno de cada cinco trabajadores. Es indudable que este predominio de la microempresa en España es un obstáculo para la productividad y la internacionalización de las sociedades españolas: invertir en comercio internacional o en automatización es prácticamente imposible para una firma de tan reducido tamaño.