El PIB avanza a tasas superiores al 3%, el empleo crece un insólito 2,8% anual, la demanda interna convive con superávit exteriores por vez primera en la moderna historia del país y Guindos anuncia que abandonaremos la supervisión de la Comisión este año. ¿Cómo hay que evaluar esta situación? Pues, a pesar de todo, con cautela: aunque la recuperación es evidente, no es oro todo lo que reluce. Y ello porque los vientos exteriores que nos empujan son transitorios, y porque la dinámica alcista de hoy tiene poco que ver con la solución de problemas de fondo (deuda, productividad y finanzas públicas). Vayamos por partes.

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