Sin necesidad de tener que acudir a los juzgados por su causa, las fiestas navideñas suponen un quebradero de cabeza para las empresas. Gastos extraordinarios, ajuste de vacaciones, descenso de actividad. Aunque bien gestionado, este periodo también puede ser una excelente oportunidad para fortalecer intangibles como el compromiso de los trabajadores. Juan San Andrés, experto en productividad y factor humano, asegura que en Navidad se crea “una burbuja psicológica” o estado mental propicios para que sirvan de trampolín emocional a la organización. “El ánimo es alegre y hay, en general, buena predisposición. El año nuevo, además, trae una sensación de inicio de ciclo que se comparte con los compañeros”. Una mezcla de elementos que convierten este tramo del año en un buen momento para “hacer balance, celebrar éxitos, reforzar el sentimiento de equipo y limar conflictos”. En todo caso, agrega, sin que la dirección monopolice la fiesta, ya que “es un momento de todos”.

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