El concepto «Made in» para determinar que un producto está «hecho en» un país concreto se lo inventaron los británicos a finales del siglo XIX. Con el «Made in Britain» querían proteger sus productos de las importaciones baratas y las copias que llegaban de Alemania. Irónicamente, ahora «Made in Germany» es el sello de mayor calidad que puede tener un producto en el mundo, al menos según la percepción de los consumidores, recogida en un estudio internacional de Statista, que elabora el Índice Made-in-Country.