Pepsico, una de las mayores empresas de alimentación del mundo, presume de dos cosas a la hora de elegir su alta dirección. Primero, que sus consejeros delegados lo son por mucho tiempo: solo ha tenido cinco desde su formación en 1965. Y, segundo, el que sus directivos son gente de la casa. El español Ramón Laguarta (Barcelona, 1963), recién nombrado para la posición, cumple de sobra con este último requisito: lleva 22 años en la empresa. Que acabe cumpliendo el primer criterio depende de su capacidad para seguir con el proceso de reinvención de una compañía que ha hecho su fama y su fortuna con refrescos gaseosos, poco menos que pecado mortal en tiempos de obesidad epidémica y consumidores ansiosos por productos saludables.

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