En la contrata que limpia desde hace casi una década los edificios de la Xunta en Santiago de Compostela, de la multinacional de servicios Grupo Norte, 17 hombres sacan brillo a los cristales y 113 mujeres, a todo lo demás. Los primeros cobran por ello un plus de peligrosidad, penosidad y toxicidad sea cual sea la ubicación o altura de los ventanales y, cuando alcanzan cierta antigüedad, son ascendidos a peones especialistas. Las segundas, el 90% de la plantilla, no perciben ningún complemento aunque tengan que encaramarse a una estantería, responsabilizarse de las llaves de los despachos o vaciar la basura, y todas son peones a secas, incluso las veteranas que acumulan más de 20 años años en el puesto. Solo la ausencia de ascensos entre la plantilla femenina supone una diferencia de sueldo con respecto a sus compañeros de 1.500 euros anuales, una brecha que aumenta en más de 900 euros si se suma solo el complemento de peligrosidad.