Toda relación entre empleados y superiores sufre sus altos y sus bajos. Momentos donde el entendimiento es total de cara a conseguir los objetivos planteados, y situaciones en las que cualquier elemento genera desconfianza o discrepancia, aunque sus efectos no siempre sean visibles. Cuando se habla de conflictividad laboral, los motivos más habituales suelen residir en aspectos como los salarios o las condiciones de trabajo, pudiendo llegar a desembocar, en última instancia, en el ejercicio del derecho a huelga. Otras, el enfrentamiento es soterrado, y allí, la desconfianza hacia las capacidades de los superiores y viceversa, o los recelos por las decisiones tomadas, crean un caldo de cultivo para el conflicto.