El auge gastronómico calienta la economía

España es un país crecido a la intemperie. Necesita la luz y el calor de las plazas, los parques, las calles. Necesita bares y restaurantes. Porque desayunar, comer o cenar fuera de casa resulta innegociable en las orillas del Mediterráneo. Ni siquiera la mayor crisis económica en décadas destruyó esa manera de entender la existencia. Hubo, desde luego, vencidos. Cerraron 10.600 establecimientos hosteleros. Pero el sector está recuperando aquellas razones que lo llevaron a vivir una edad de oro a comienzos del milenio y se acerca peligrosamente a una burbuja donde ya falta espacio y tal vez a corto plazo incluso falte negocio para muchos emprendedores de un sector que genera mucho empleo, pero que no logra quitarse el estigma de fomentar contratos y salarios precarios.

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